viernes, 13 de noviembre de 2009

Despedida

Probablemente cuando tengamos que irnos de este mundo, quisieramos antes despedirnos de las personas importantes.

Cuando tenía 5 años, mi familia y yo nos mudamos a una casa nueva. Teníamos por vecinos a una familia conformada por 3 niños y sus papás. Desde entonces solíamos invitar a los niños a nuestras fiestas y al revés. Basicamente nos conocíamos desde niños. Fuimos creciendo y entablando una bonita amistad, yo sobre todo con uno de ellos llamado Gerardo.  Gerardo era unos 3 años mayor que yo y a veces nos encontrabamos en nuestras respectivas azoteas, que es donde lavabamos y tendíamos la ropa y pasabamos un rato muy ameno platicando de tonterías. A él le gustaba el mismo tipo de musica que a mi, escuchaba caifanes, heroes del silencio, maldita vecindad, etc.

Cuando yo iba a cumplir 15 años, sucedió una tragedia: Gerardo murió en un accidente en la carretera, solo una semana antes de mi fiesta. Su mamá estaba devastada, sus hermanos muy tristes... yo estaba muy triste también, me parecía injusto que un muchacho tan lindo y amiguero, platicador, ameno y sobre todo tan joven, hubiese muerto por la imprudencia de un chofer en la carretera.  Fue muy dificil de aceptar ese hecho, sobre todo al escuchar como su mamá lloraba tanto por él.

Yo me encontraba muy impresionada y triste, hasta que sucedió algo increíble:

Estaba dormida en mi cama, cuando de pronto sentí la necesidad de subir a la azotea. Me levanté de mi cama y subi las escaleras. A través del vidrio borroso de la puerta se veía "algo" negro en el piso de la azotea. Abrí la puerta y vi a Gerardo recostado en el piso, con su playera negra (solía vestir de negro) y su pantalon de mezclilla, con las manos en la nuca, como viendo el cielo estrellado.  Yo sentí el aire frío en mi cara.

Le sonreí y le ofrecí la mano para levantarse. Me dió la mano y se apoyo de mí mientras se levantaba del piso, su mano estaba fría y me dijo:

"Todo fue muy rápido, solo vine a despedirme..."

Sonreí otra vez y le dije que lo comprendía, en eso se escuchó el llanto de su mamá en la casa contigua. Entonces me dio la mano como despidiéndose y me dijo "Tengo que irme a cuidar a mi mamá". Saltó la pequeña barda que separaba su azotea de la mía y entró en su casa.

Cuando desapareció de mi vista me di la vuelta para entrar de nuevo en mi casa, en el preciso momento en que cerré la puerta, abrí los ojos: me encontraba en mi cama nuevamente.

No se si fue solo un sueño o si mi alma se desprendió de mi cuerpo para ir a encontrarme por un breve momento con mi amigo Gerardo. Pero me quedé muy tranquila, con mucha paz.

Gerardo: Gracias por volver para despedirte de mi, era lo que me hacía falta.

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