martes, 2 de febrero de 2010

Ruidos extraños

Escuchar ruidos en la otra habitación no era la cosa mas insolita que hubiera podido pasar, pero el recorrer ese pasillo y percatarme que en realidad no eran ruidos provocados por alguien de este plano, me causó tal terror que dudé por completo que estuviera despierta…

Cuando era niña mi madre insistía en que los fantasmas si existían. Ella nació y creció en un pequeño pueblo, Magdalena, Puebla. En donde las historias fantásticas acerca de brujas, demonios y fantasmas abundan. Ella es así, ella siempre lo creyó.

Yo, por mi parte, toda mi vida la he vivido en la ciudad, y en la ciudad no hay muchas historias de fantasmas.

Mi madre siempre trabajó como empleada doméstica, vivíamos en las casas donde ella conseguía trabajo, pero no siempre fue así, por lo que mi madre me dejó en un internado para señoritas por no poder cuidarme mientras trabajaba, tuve la oportunidad de conocer historias de lo más extrañas acerca del lugar “créeme!! Una niña sale corriendo del comedor al jardín principal de la escuela cuando todas estamos en los dormitorios!!”…   si, claro… noticia de ultima hora!! Este es un internado para niñas!! No es nada del otro mundo que una niña corra por los pasillos de la escuela. ja!

Pasé toda mi niñez en ese lugar, 6 años de educación básica, siempre con las mismas historias, que siempre consideré  de niñas histéricas tratando de llamar la atención.

Mi madre tuvo que dejar su ultimo trabajo, ya que le pagaban muy poco y sintió que era tiempo de buscar “pastos más verdes”, asi fue cuando llegamos a una casa ubicada en Tabachines.

Por fuera parecía una casa pequeña, con una pequeña entrada, con una pequeña cochera, con un pequeño frente, pero cuando cruzamos la puerta, nos dimos cuenta que la casa era de lo mas grande que hubiera podido imaginar, tenia una cocina enorme, con una alacena al fondo, en la alacena habían unas pequeñas escaleras de caracol que nos llevaban al segundo y tercer piso, frente a la cocina, el comedor, pasando el comedor había una terraza que hubiera dejado en ridículo a cualquier salón de eventos, tenia animales, patos, pollos, gatos, gallos y perros, era como si tuvieran su granja en la ciudad.

La pareja, dueña de la casa tenían 5 hijos, 3 varones, mayores de edad, y 2 niñas, de 15 y 10 años, la más pequeña y yo, teníamos la misma edad, y por lo tanto nos hicimos amigas.

Mientras estuve en el internado, solo podía ver a mi madre los fines de semana, los cuales me podía quedar con ella en su trabajo.

La primera noche que dormi en esa casa, no dejé de tener pesadillas, soñé que había un angel de yeso en nuestra cabecera y que me miraba con una expresión de agresividad u odio. No sabría explicarlo bien.

La siguiente noche volvi a soñar, pero en esta ocasión, soñé que había alguien parado al pie de la cama, mirándome, su cara expresaba terror, como si tratara de advertirme algo, me desperté con un sentimiento de ansiedad en el pecho, pero, en el momento en que me di cuenta que estaba acostada en la cama y con mi madre dormida a mi lado, escuché una voz que me llamaba desde la otra habitación, que se encontraba al fondo de un largo pasillo del lado opuesto de mi habitación.

Me levanté de la cama, sigilosamente, para evitar despertar a mi madre, que dormía plácidamente a mi lado, no se movió por lo que me di cuenta que ella no había escuchado ningún ruido. Caminé hacia la salida de la recamara, tratando de escuchar que era lo que decía aquella voz. Esa voz que lastimosamente decía  “Mamá?, donde estás? Mami?”, por alguna extraña razón, crei que seria mi amiga, jugando alguna broma --- una muy pesada---  pues ella siempre se escondia en ese lugar.

Despacio, caminé hacia el fondo de la otra habitación, hacia donde el sonido de aquella voz me guiaba, sentía mis piernas temblar, era tan extraña la sensación que recorría mi cuerpo sin cesar. Levanté mi mano izquierda en dirección a la puerta del gran closet que se encontraba al final de la habitación, y con mucho cuidado deslice la puerta de madera que por ningún motivo, chirrió como lo haría cualquier puerta de madera vieja, pareciera que la puerta se encontraba recién aceitada pues no tuve ninguna dificultad para abrirla.  Al fin la puerta estaba abierta por completo, mis ojos se habían acostumbrado a la completa oscuridad de la habitación, temerosa, di un vistazo al interior del closet.

Dificilmenta podría llamar grito, al sonido apagado que salió de mi garganta, mi valor característico se vio hecho añicos, al ver que en el interior de ese oscuro hueco, no se encontraba mi amiga, en su lugar, vi la incorpórea silueta de aquel niño de lastimera apariencia con el que había soñado, llorando sin cesar, preguntando por su madre, con ojos tan grandes como platos inundados de lagrimas, di un paso hacia atrás, aterrada, y después, negro…

Lo ultimo que recuerdo es a mi madre levantándome del suelo, asustada de verme allí tirada en el suelo, llorando, sin articular palabra alguna, cuando por fin tuve el valor para contarle lo que había visto, ella, simplemente se limitó a decir : "solo fue un sueño".

Yo, por mi parte puedo decir :  "lo dudo".

Aporte hecho por: Isabel

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