martes, 21 de septiembre de 2010

Historias cortas sobre la Ouija

En la entrada anterior, relaté como mi papá tuvo varias experiencias poco agradables con la Ouija. Generalmente todas las historias que escucho sobre esta tabla son similares: Todo empieza bien y acaba aterrorizando a los participantes de la sesión. A continuación tres pequeñas historias que he escuchado sobre  la Ouija. Espero las disfruten tanto como yo.


El nombre de mi hijo.

Esta historia me la contó una amiga de la infancia. Su mamá recibió de regalo una Ouija cuando estaba recién casada. Jugaba a veces con su hermana y a veces sola. En una ocasión la ouija se mostró muy comunicativa y la mamá de mi amiga, que en ese entonces no tenía hijos, comenzó a hacerle varias preguntas sobre su futuro, su esposo, si tendría hijos y que nombres tendrían.

Esta ultima pregunta hizo a la ouija moverse muy rapidamente y contestar con mucha ansiedad "Tu primer hijo, va a ser moreno, de estatura media, complexion media y ojos cafés... se va a llamar Edgar".

Entonces la señora preguntó "¿Como sabes eso?  a lo que la ouija se apresuró a contestar "Por que yo seré tu hijo en mi proxima vida".

Regalo demoniaco.

Esta historia la escuché de mi prima Sonia. Ella contaba que una conocida suya, de nombre Elizabeth, había recibido como regalo por parte de una tía que era muy adepta a los temas paranormales, una tabla ouija. Esta tabla, decía su tía, había sido "bautizada" y curada en el cementerio del pueblo  a la media noche de una luna llena. Elizabeth era muy curiosa con cualquier asunto relacionada con espiritus, así que recibió el regalo muy emocionada y esa misma noche comenzó a usarla. Ella sola.

Hacía preguntas y obtenía respuestas insignificantes, hasta que un día, casi un mes despues de haber recibido la ouija, las sesiones se tornaron violentas. Mientras elizabeth jugaba, los perros comenzaban a ladrar en la calle, y en las ventanas y paredes se escuchaban muchos golpes. Elizabeth se asustó mucho  y guardó la ouija en un baul, lo cerró con un candado y guardó el baul bajo su cama.

Pero esa misma noche, Elizabeth se despertó aterrorizada sintiendo como su cama se sacudía. Dijo un par de oraciones en silencio y pudo dormir el resto de la noche. Al día siguiente cuando regresó de la escuela, vio la tabla ouija encima de su cama. Alguien la habia sacado del baul. Busco la llave y estaba escondida en el mismo sitio donde ella la había dejado y el baúl parecía estar en la misma posición. Preguntó a sus hermanos y todos negaron haberlo hecho.

Por lo que decidió tirar la ouija a la basura. Se fue a dormir y al día siguiente, la ouija estaba en la mesa de noche al lado de su cama.

Ella estaba muy asustada, ya no podía dormir. La ouija parecia pedir que jugara con ella, y como era una tabla de madera vieja, decidió quemarla.

Ella misma le puso alcohol y vio como la tabla se redujo a cenizas en un momento. Pero la ouija volvió a aparecer al lado de su cama al día siguiente.

Desesperada acudió con su tía, quien le dijo que la unica manera de deshacerse de ella era regalandola. Parecía que su tía había hecho lo mismo. Así que Elizabeth salió a la calle y le entregó la tabla a una persona que no conocía. Y luego se alejó rogando que su pesadilla terminara. Y así fue. No volvió a escuchar de la ouija y tampoco volvió a tener episodios de terror nocturno. Quien sabe la pobre infeliz a la que le regaló la ouija.

Su muerte

Decía mi abuelo que conoció a un señor que gustaba de jugar con la ouija. En una ocasión este señor preguntó a la ouija cuando se iba a morir. La ouija entonces le respondió que su muerte llegaría cuando la taza se rompiera.

Sin dar otro dato mas especifico, el señor comenzó a tener paranoia acerca de su muerte. Vivía temeroso y no quería salir de su casa, cualquier ruido le alteraba los latidos de su corazón y le hacía sudar frio. Pensaba que su muerte llegaría en cualquier momento.

Entonces un día, estando solo en su casa comenzó a tener un ataque de ansiedad y paranoia, pues no quería morir, decía. De pronto se empezó a quedar dormido sin darse cuenta de que la taza de café se había quedado muy a la orilla de la mesita lateral, con su paranoia a pique, se despertó de pronto dejando caer la taza sin querer. Fue tan fuerte el susto que tuvo al chocar la taza contra el piso y romperse en muchos pedazos, que sufrió un infarto y murió. Tal como lo predijo la ouija.

6 comentarios:

Dark_crazy_love]] dijo...

me encantaron las historias :)

el asombrado dijo...

quisiera una historia ke me erice todo el cuerpo.Estas historias me fasinaron saludos

el asombrado dijo...

me gustaron las historias.Me gustaria unas historias ke me erise todo el cuerpo SALUDOS

Anónimo dijo...

Me gustaron las historias estan super deverdad yo si creo en eso, eschen crean y no lo aberiguen es muy peligroso es my cnsejo bay

Anónimo dijo...

Buenas historias y si debemos evitar jugar o si la juegan no hacer preguntas tontas y buenas historias saludos

JUAN FELIPE GALVIS VEGA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.