miércoles, 8 de septiembre de 2010

Jugando con la Ouija



Siempre he pensado en la Ouija como un instrumento delicado y misterioso, de niña le tenia miedo al simple nombre, tenía curiosidad pero las historias que contaba mi papá hacian que esa curiosidad se quedara en el olvido.

- La Ouija - decía mi papá - no es un juguete. Es como un telefono con el cual te puedes comunicar con seres del más allá, pero nunca sabes quien estará acudiendo a tu llamado. Lo aprendí a la mala.

Cuando era chico, mi hermano Juan y yo nos hicimos de una Ouija, la construimos nosotros mismos por curiosidad. Teníamos al rededor de 12 y 10 años. Vivíamos en una casa que mi papá había construido con sus propias manos y era grande, tenia un terreno enorme al rededor de la casa. Al entrar estaba la pileta, que era un gran aljibe de 4 x 4 mts.  En todo el rededor de la casa había una especie de banqueta de aprox. un metro de ancho. Al entrar a la casa habia un pasillo enorme que llevaba a la cocina y el comedor, a los lados de ese pasillo habian tres puertas, una del lado izquierdo y dos del lado derecho, esas eran las habitaciones principales. Habia otra habitación mas en el fondo de la casa, pero a esa se entraba por la parte del comedor. Esa era mi recamara. Los baños estaban pegados a la construccion de la casa, pero uno se tenia que salir al patio para ir al baño. El terreno de atrás de la casa era grandisimo, tanto que mi papá construyó una segunda casa hacia el fondo del terreno y aun quedaba mucho espacio entre una casa y otra, al menos unos cien metros.

Teniamos arboles  en todo el terreno, flores, y habia tambien mucha hierba mala.

Cuando mi hermano Juan y yo empezamos a jugar a la Ouija, fue divertido, obteniamos respuestas incoherentes y hasta chistosas sobre las preguntas que haciamos. Después las cosas se empezaron a poner mas serias: durante una sesion de "juego" con la Ouija, el espiritu que nos contacto se tornó agresivo y nos dijo varios insultos. Los dos eramos unos chamacos y sin dudarlo dejamos el juego por un rato.

Esa noche, no pude dormir, escuchaba muy nitidamente como algo o alguien daba vueltas por fuera de la casa, todo al rededor, incluso se escuchaba una pisada normal y una pisada de palo.

A partir de esa noche, siempre que tenia insomnio era atormentado por el fantasma de la pata de palo, como solia llamarlo. Mi hermano tambien podía escucharlo.

Una noche jugando nuevamente con la Ouija, le adverti que nos dejara en paz. Su respuesta fue "no". Me fui a dormir solo para ser despertado al rededor de las tres de la madrugada por un golpe fuertisimo en la cara. Me levanté, encendi la luz y no había nadie en mi recamara, pero al verme al espejo vi mi mejilla notablemente enrojecida. Alguien invisible me había golpeado y había sido sin duda el fantasma de la pata de palo.

Incluso con esa experiencia tan aterradora, mi hermano y yo no dejamos de jugar, hasta el día en que supuestamente nos topamos con el diablo. Comenzamos a jugar con la Ouija como siempre y el que nos contestaba, aseguraba que era el diablo, Juan y yo nos reímos y nos dijo, que si nos atrevíamos, que salieramos a las 12 de la noche al patio trasero y nos daría una prueba de que él era el diablo.

Así lo hicimos, a las 12 de la noche salimos al patio y no vimos absolutamente nada extraño, los ruidos nocturnos, las luces de la carretera mas cercana, y eso era todo. Juan entonces le gritó: "Aqui estamos, Señor Diablo, y no nos has dado ninguna prueba".

Lo que a continuación sucedió no he sabido explicarlo, uno de los arboles comenzó a iluminarse de color anaranjado muy intenso, luego comenzó a arder en llamas. Juan y yo entonces tuvimos miedo y corrimos a refugiarnos adentro de la casa. Al día siguiente con la protección de la luz matutina, salimos al patio y ningun arbol estaba quemado, todos estaban intactos.

Entonces ¿que fue lo que presenciamos los dos?

Aún ahora, dudo que haya sido el diablo quien nos contestó esa noche, pero sin duda era un espiritu muy poderoso que quiso darnos una lección. Nunca más volvimos a jugar a la Ouija.

Esta es una de tantas historias que cuenta mi papá.

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