miércoles, 24 de noviembre de 2010

El fantasma del Tío Lalo

Casi iniciando mayo, mi familia comenzaba a prepararse para empacar nuestras chivas e irnos a la fiesta del rancho de donde es originaria mi mamá. La fiesta de la Santa Cruz es la más importante del rancho desde siempre.  Generalmente nos hospedamos en casa de unos tíos (Todos en el rancho resultan ser primos o tíos) en un pueblo que queda a unos veinte minutos del famoso Rancho, por un camino de terracería que no ofrece a la vista más que alguno que otro mezquite, algun matorral o nopal seco y mucha tierra suelta.

Ya es tradición llegar temprano al Rancho el día 2 de Mayo y nos quedamos a la procesión, las fiestas, los fuegos artificiales y hasta entrada la madrugada regresamos al Pueblo para dormirnos. Al día siguiente volvemos al Rancho y almorzamos con alguna prima, tía o parienta con tortillas recién hechas con sabor Ranchero, frijolitos de oya y huevos de las mismas gallinas que andan ahi en los grandisimos huertos de nopal. Luego asistir a la misa y despedirnos para volver a la ajetreada vida de la Ciudad.

Es toda una experiencia acudir a estas fiestas, es casi como volver en el tiempo y disfrutar un ambiente campirano con los parientes a quienes ni siquiera conoces, pero te tratan con tanta calidez que pronto se olvida la televisión, los videojuegos, la computadora, etc.

A mediados del año pasado, pasadas las fiestas de la Santa Cruz, escuché a mi mamá decir que uno de sus tíos - El Tío Lalo - Había fallecido. El era el típico viejito de sombrero que aunque vivía en la ciudad con una de sus hijas, siempre estaba presente en las fiestas de la Santa Cruz, a veces hasta participaba en la pastorela (Si, hacen una pastorela en mayo). El tío Lalo, era un señor alto y delgado, de piel tan blanca que bajo el sol se tornaba roja y de ojos muy azules. Era muy común verlo tomandose una cerveza con los cachetes bien chapeados bajo el sol abrasador del rancho durante las fiestas. Siempre muy alegre y aunque eramos muchisimos parientes, siempre recordaba de quien eramos nietos "Usted es de Tío Quico", nos decía al vernos.

El pasado mes de mayo, fuimos como siempre a las fiestas, sabiendo que por primera vez nos iba a faltar la alegre presencia del tío Lalo. Llegamos tempranito y pudimos ver todavia como terminaban los adornos de cera y preparaban la procesión. Nos invitaron a desayunar con la prima Marina y el sabor de su comida de rancho me supo a gloria. Luego a medio día comenzó la procesión y el desfile de cera, mucha gente con sus adornos de cera, desfilaba por la terracería de la calle principal del rancho hacia la unica iglesia: La iglesia de la Santa Cruz. Toda la gente en el rancho es muy religiosa, al momento de la procesión todo el rancho se reune participando o presenciando el desfile, las casas estan vacías y la gente se atiborra afuera de la iglesia para escuchar la celebración de la Santa Cruz.

Al terminar la misa, comenzó la fiesta una lona enorme con el logotipo de la Pepsi, cubría una gran parte de la explanada, bajo la lona había muchas mesitas tambien de la pepsi esperando a la gente que iba a comer. Había puestos de comida por todos lados: enchiladas, quesadillas, gorditas, tacos, etc. Por supuesto muchas hieleras llenas con Carta Blancas y Tecates. No importa si no traías dinero, alguno de los primos te invitaba una cerveza, siempre era así.

Al entrar la noche nos preparamos para el espectaculo de los fuegos artificiales, el torito y la quema de judas. Afuera de la iglesia se preparaban los actores de la pastorela y despues de muchos petardos, muchos fuegos artificiales, muchas cervezas, nos dieron las dos de la madrugada. Era tarde y empezaban los balazos (Los rancheros casi siempre comenzaban a aventar balazos al aire para celebrar) así que mi mamá nos indicó que era hora de ir por el coche a la casa de la prima Marina para irnos al pueblo. Para llegar a la casa de la prima, teníamos que pasar por una subidita al lado de la iglesia, donde caía un arroyo. No hay alumbrado publico en esa parte, la unica parte que cuenta con alumbrado es la iglesia y alrededores. Así que había que ir con mucho cuidado por esa subida empinada que nos llevaba a una calle empedrada hacia la casa de la prima Marina.

Ayudado por la luz tenue del celular comencé a caminar por la subida, mientras las luces se iban quedando atrás y la oscuridad se hacía cada vez mas densa. Mis papás que ya se sabían el camino subieron con mucha rapidez bromeando sobre como yo me quedaba atrás en el camino. Pronto solo escuchaba sus risas a varios metros adelante de mi.

Entonces traté de caminar un poco más rapido. La idea de quedarme solo en la oscuridad no me gustaba para nada, sobre todo por estar algo mareado por la cerveza que había ingerido durante la tarde. Así que apretando el paso torpemente me tropecé. Puse la mano que tenía libre en el piso y al levantarme vi frente a mi la imagen borrosa del tío Lalo que me señalaba algo. Al principio no sabía bien lo que pasaba, quizá era otro pariente que se parecía mucho a él. Con la pequeña luz del celular alumbre a donde me indicaba, al lado de donde me había tropezado y vi con asombro la orilla del camino. Si hubiese caido un poco más a mi izquierda, habría caido a esa zanja  de unos tres metros. Tal vez no era una caída mortal, pero seguramente me habría lastimado con las piedras y la maleza, quien sabe.

Luego alumbré de nuevo hacia donde vi al señor y ya no estaba. No había manera de que hubiese caminado en dirección a la iglesia sin que yo lo hubiera visto o escuchado. Mis papás tampoco vieron a nadie. Entonces ¿sería el tío Lalo, que no quiso perderse la fiesta de este año?  Por supuesto que ni mi papá ni mi mamá me creyeron, pensaron que estaba borracho, pero yo estoy seguro de lo que vi.

Y fuera quien fuera, me ayudó a ver por donde iba caminando para no caerme.

Enviado por:  Paul

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